RADIO VALDÉS

Hecha en Patagonia, para el mundo.

NEGRO DROGÓN

 

Cuando sos pobre, drogón y estás desde que naciste en la periferia, en los márgenes del sistema, lo único que te puede salvar es creer. Creer que algún día vas a cambiar, creer que vas a dejar de consumir, creer que vas a dejar de ser pobre.

Las adicciones son un grupo complejo y multicausal de problemáticas a las que el Estado debe dar respuesta. Esta forma severa de trastorno por consumo de sustancias tiene consecuencias devastadoras para pibes, pibas y sociedad en general.

Los circuitos cerebrales alterados en la adicción son los de recompensa, la motivación, el control ejecutivo y el procesamiento emocional. Estas alteraciones funcionales y estructurales permiten entender un poco la conducta de quienes padecen adicción, la incapacidad de priorizar beneficios a largo plazo y buscar placer en la inmediatez. Las sustancias toxicas inciden directamente en el sistema de la Dopamina, un neurotransmisor asociado al placer, que casualmente también está asociado a los procesos de aprendizaje y memoria. La adicción se aprende y se almacena como memoria en el cerebro.

Las sustancias también afectan la corteza pre-frontal (una región ubicada detrás de la frente), esta zona dirige la capacidad de pensar, planificar, resolver problemas, tomar decisiones y controlar impulsos. Esta zona es la última en madurar y lo hace alrededor de los 18 a 20 años. Los pibes comienzan a consumir sustancias desde mucho antes de esta edad. Los trastornos por consumo de sustancias entonces generan un deterioro cognitivo, déficit en la planificación, impulsividad, conductas desadaptadas y desorganizadas.

Nuestro cerebro esta “cableado” para aumentar las probabilidades de que repitamos una actividad que nos generó placer.

Los pibes usuarios de drogas desarrollan vínculos, estrategias de supervivencias para disminuir un poco la opresión y el malestar. Estrategias para calmar la angustia, la desesperación, la soledad. Estrategias para anestesiar el dolor, el frío y el hambre. Se va toda esa mierda por un rato y luego regresa, y el “bajón” lo espera sin consuelo. El estigma, la discriminación, las sanciones sociales y moralistas recaen sobre ellos. “ Es un drogón de mierda”. En su historia se lo recordará como un delincuente, aún sin demasiadas pruebas y la familia recibirá las críticas de que no se preocupaban por él, y la madre será una “mala madre» porque no internó a su hijo.

El desempleo, la ausencia de expectativas futuras, la discriminación en el acceso a un empleo, la fragilidad de los vínculos sociales, la falta de figuras adultas representativas, la falta de acceso a la salud y a la educación, la calidad de las sustancias que consumen los pibes pobres, el abandono, la calle, el frió, el hambre. Los contextos sociales son determinantes también en la relación de las personas con las sustancias toxicas.

Luego de varios tratamientos, de ingresar llevados por la policía, solos, recaídas, internaciones involuntarias, fugarse de la internación, medicaciones, terapias, nuevas recaídas…

Para quienes logren realizar un tratamiento completo en alguna Comunidad Terapéutica, llega el momento de intentar integrarse de un modo diferente a la sociedad, y esto es precisamente lo más difícil, ésto de que como sociedad los veamos con otros ojos, ésto de empezar de nuevo, ésto de competir con otros pibes que no pasaron por esta situación.

DEL EDITOR, SOCIEDAD

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